La Tonantzin
Centro Biocultural de Aprendizaje Colectivo
El Centro Biocultural de Aprendizaje Colectivo “La Tonantzin” es un espacio de encuentro donde los seres humanos desarrollan procesos de aprendizaje colectivo fundamentado en el amor y el respeto por la madre tierra, cada uno de sus integrantes comparte la visión de generar y transmitir conocimiento, a través de actividades y aprendizajes adquiridos a partir de un profundo respeto por lo que fuimos y por lo que somos en comunión con nuestro entorno. Interactuamos con el espacio sembrando plantas medicinales para sanarTÉsana, hortalizas y árboles, fundamentados en la agroecología.
Don Tomás Pedraza
Campesino
En los campos de Tlayacapan, entre las suaves brisas y el cálido sol de Morelos, florece el arte de la agricultura en manos de un hombre excepcional: Don Tomás Pedraza. Originario de esta tierra fértil, su pasión por cultivar en armonía con la naturaleza lo ha convertido en un faro de inspiración.
Como uno de los pocos agricultores orgánicos en la región, Tomás ha labrado un camino de respeto y cuidado hacia la tierra que lo vio nacer. Cada planta que acaricia con sus manos, lo hace con amor y dedicación, como si fuera parte de su propia familia.
Su labor como agrónomo ha sido un regalo para la comunidad, compartiendo su vasto conocimiento y experiencia para el beneficio de todos. Colaborando mano a mano con SanarTÉsana, Don Tomás cultiva un jardín de plantas medicinales, desde la vibrante caléndula, la magnifica milenrama, hasta el reconfortante té de limón y muchas más, tejiendo así un tapiz de salud y bienestar.
Valoramos profundamente el trabajo de Tomás Pedraza, su compromiso con la agricultura orgánica y su amor por la tierra que nos nutre. Es un honor y un privilegio trabajar a su lado, pues su presencia en nuestros campos es una bendición que enriquece nuestras vidas y nuestros corazones.
Ricardo y Antonio
campesinos
En las apacibles faldas del volcán Popocatépetl, en el bello pueblo de Atlautla, la historia de Ricardo y Antonio se entrelaza con la tierra y el amor por la agricultura orgánica. Hace siete años, decidieron transitar desde la agricultura convencional hacia un enfoque más respetuoso con la naturaleza. En extensas parcelas, cuidadosamente siembran y cultivan plantas orgánicas como toronjil, lavanda, romero, eucalipto, y otras preciosidades botánicas.
Su compromiso con la tierra se refleja en cada raíz que plantan y en el aroma que se eleva de sus cultivos. Ricardo y Antonio han tejido su historia con hilos de sostenibilidad y respeto por la biodiversidad, transformando su manera de cultivar con amor y dedicación. En las manos de estos campesinos, las plantas no sólo crecen, sino que florecen con el cariño y la atención que sólo quienes aman la tierra pueden ofrecer. Su transición a la agricultura orgánica es una manifestación viva de la armonía entre el ser humano y la naturaleza, una sinfonía de resiliencia y compromiso que reverbera en cada hoja y pétalo.
Jose Pedro Abaroa
Campesino
En las fértiles tierras del Paso de Cortés y Cuijingo, Estado de México, Pedro emerge como un pionero apasionado en el cultivo y exportación de plantas medicinales orgánicas, siendo la manzanilla su joya botánica principal. Con extensas parcelas, Pedro ha tejido un tapiz verde de diversidad, cultivando con esmero una gama de plantas que florecen bajo su cuidado.
Su historia se entrelaza con SanarTÉsana, donde durante años ha compartido generosamente parte de su cosecha para la creación de nuestros tés. Pedro no solo cultiva plantas, sino que también cultiva un legado de amor por la tierra y su regalo curativo. Su contribución es más que una colaboración; es un acto de cariño arraigado en la conexión profunda con la naturaleza. A través de Pedro, las plantas medicinales no solo crecen en las extensiones de tierra, sino que también florecen en cada taza, llevando consigo el eco de su dedicación y el compromiso con la armonía entre la tierra y aquellos que la cuidan con amor.
Felipe
Chinampero
“Mi nombre es Felipe Barrera, soy Chinampero originario de Xochimilco. Me gusta mucho sembrar flores para mis abejas y llevar hortaliza para mi casa, pero sobre todo me gusta compartir los saberes y técnicas chinamperas heredadas con quienes me visitan.
Las plantas que cultivo en mi chinampa forman parte de un ecosistema que permite tener limpia el agua, la tierra y el aire, lo que ha echo que tengamos un sello agroecológico, pero lo mas importante es que mi chinampa es un refugio para mi familia y los animales que están a nuestro alrededor.” Felipe B.
En las orillas de un limpio y vivo cuerpo de agua se encuentra la mágica chinampa “La Adela”, resguardada por Felipe, un alma única que irradia vida y amor en cada rincón de la tierra. Con manos expertas y corazón generoso, cultiva no solo plantas, sino también esperanzas y sueños.
Entre las fragantes flores de cempasúchil y el frescor de la menta, Felipe siembra su magia, cuidando cada brote con esmero y dedicación. Pero su mayor tesoro no sólo son las cosechas que florecen bajo su cuidado, sino el amor que comparte con quienes lo rodean.
Con una sonrisa cálida, Felipe comparte parte de su abundante cosecha, sembrando no solo plantas, sino también momentos de alegría y conexión.
Y en su chinampa, el amor florece en cada planta, recordándonos la belleza y la importancia de cuidar y valorar la vida en todas sus formas.
